Los Telescopios Más Alucinantes que la Humanidad Podría Construir

Los telescopios son nuestra ventana al universo. Pero, desde la Tierra, esa ventana está un tanto empañada. Y es que la atmósfera distorsiona las imágenes e incluso absorbe o refleja por completo algunas longitudes de onda de la luz. Por eso, los astrónomos llevan más de 50 años enviando telescopios al espacio.

Y no dejan de idear nuevos instrumentos, algunos tan revolucionarios que parecen sacados de una peli de ciencia ficción. Hoy os traemos algunas de las propuestas más alucinantes, para intentar imaginarnos cómo podría ser el futuro de los telescopios espaciales. ¡Vamos allá! Los astrónomos llevan tiempo fantaseando con la cara oculta de la Luna.

Como ya explicamos en otro vídeo, hay un gran interés por estudiar la Edad Oscura, un período del universo primitivo en el que aún no se habían formado las primeras estrellas y galaxias. Eso exige detectar unas ondas de radio muy tenues emitidas (o absorbidas) por las nubes

De hidrógeno que llenaban el cosmos por aquel entonces. Problema: no podemos hacerlo desde la Tierra porque la atmósfera refleja esas longitudes de onda. En cambio, la cara oculta de la Luna ofrece unas condiciones idóneas: no tiene atmósfera y, como siempre le da la espalda a nuestro planeta, está protegida

De las ondas de radio que usamos para comunicarnos y que podrían enmascarar esa señal. Y buscar ondas de radio desde ese “parapeto” también podría ayudarnos a identificar exoplanetas que posean un campo magnético, una de las propiedades que podrían hacerlos habitables. Se han presentado varios proyectos muy ambiciosos.

Uno pretende extender una especie de tela de araña sobre un cráter de 1300 metros de diámetro. Spiderman approves. En su centro, una densa malla metálica de 350 metros actuaría a modo de antena parabólica, reflejando las ondas de radio y enviándolas a un receptor suspendido sobre ella, igual

Que hacen los grandes radiotelescopios de la Tierra. Para instalar ese telescopio, un módulo lunar aterriza en el centro del cráter y lanza unos arpones que se clavan en el borde. Ya solo falta estirar los cables, y desplegar la antena y el receptor. Todo automático. (Suena fácil, pero sospecho que no lo es).

Uno de los principales retos es diseñar una malla capaz de conservar su forma y soportar los tremendos cambios de temperatura de la superficie lunar (¡de hasta 300 grados Celsius!), pero lo bastante ligera para llevarla hasta allí. Otro proyecto busca “plantar” un conjunto de 100.000 antenas (básicamente, tiras de

Aluminio) en un área de la Luna mayor que la ciudad de Barcelona. Y lo bueno es que los materiales necesarios para construir las antenas, cables y paneles solares necesarios se extraerían de la superficie lunar y todo el trabajo lo llevaría a cabo una flota de vehículos exploradores.

Hasta hay quien propone imprimir las antenas en colchonetas hinchables que viajarían plegadas y se inflarían en la superficie lunar. Movidas para todos los gustos. Con las tecnologías actuales, construir telescopios espaciales de más de 10 metros de diámetro no es viable económicamente.

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Recordemos que el James Webb tiene 6,5 metros y ya costó un pastizal: unos 10.000 millones de euros. Y, sin embargo, contar con telescopios así de grandes es importante para observar objetos cada vez más tenues. Hay que inventar algo nuevo, y eso nos lleva a una propuesta que a mí me recuerda a Terminator

2: el “telescopio fluídico”, un instrumento con un espejo líquido de 50 metrazos que, ¡atención!, se autoconstruiría él solito en el espacio. Pero ¿cómo es posible? Pues gracias a la tensión superficial, la fuerza que hace que la superficie de un líquido

Se comporte como una película elástica y que da a las gotas de agua su forma esférica… siempre que sean pequeñas: si no, la gravedad gana y la gota se derrumba bajo su propio peso. Peeero en el espacio no hay gravedad (o hay muy poquita).

Así que la idea sería lanzar una enorme estructura en forma de anillo y conseguir que el líquido se adhiriera a su interior y forme una superficie curva capaz de reflejar la luz. Piensa en las películas jabonosas que usan los niños para hacer pompas, pero con el tamaño de una plaza de toros.

Parece una fantasía, pero ya se ha demostrado que funciona a pequeña escala. Y una de las ventajas de un telescopio así es que sería capaz de autorrepararse: si un pedrusco espacial dañase la superficie del espejo, en poco tiempo volvería a estar como nueva. Y esto es bastante guay, porque esos impactos son inevitables.

Por ejemplo, el año pasado, uno de ellos causó pequeños daños en uno de los espejos del Jame Webb. La idea de usar un globo para elevar un telescopio no es nueva. Son proyectos que alcanzan una altitud máxima de unos 50 kilómetros y duran solo días

O semanas, pero permiten observar las longitudes de onda bloqueadas por la atmósfera con un coste muy inferior al de un telescopio espacial. De hecho, en 2024 la NASA lanzará una misión bastante espectacular de este tipo: un telescopio infrarrojo unido a un globo de 150 metros de diámetro que sobrevolará la Antártida

Para estudiar ciertos procesos relacionados con la formación estelar. Pero ¿y si en vez de atar un telescopio a un globo convirtiésemos el propio globo en un telescopio? La idea sería usar un enorme globo esférico con un hemisferio transparente, para que entre

La luz, y otro metalizado, para reflejarla y enviarla a un receptor situado dentro del globo. Una ventaja: para apuntar el telescopio no haría falta reorientarlo, bastaría con mover ese receptor. Así se podría crear un telescopio de unos 25 metros que observase en el infrarrojo lejano,

Un rango de longitudes de onda importante para la formación de estrellas y galaxias. Sus prestaciones serían muy superiores a las de otros telescopios infrarrojos y costaría entre 10 y 15 veces menos que el James Webb. Ya, ya… ya sé lo que estáis pensando. ¿Y si se pincha?

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Bueno, pues parece que aún en ese caso, parece que el gas iría saliendo tan lentamente que el telescopio podría seguir usándose durante años. Y ¿sabes qué? Que esta idea en realidad tampoco es tan nueva: hace más de 60 años la NASA ya lanzó dos

Enormes globos metalizados a más de 1000 kilómetros de altura para reflejar señales de teléfono, radio y televisión entre distintos puntos de la Tierra. Estos bichos de aquí. Y como también reflejaban la luz visible, ¡se podían distinguir a simple vista! Esto estrictamente no es un telescopio, sino más bien un complemento.

Una sombrillica que en inglés se conoce como starshade. Ya se conocen más de 5000 planetas en torno a otras estrellas. Imagina que quieres observar con un telescopio uno que está bastante cerca de la suya. Pero, ¡tragedia! la estrella brilla unos 10.000 millones de veces más que el planeta, así que o nos

Cargamos su luz de algún modo o no lograremos ver nada. Sería como intentar distinguir una cucaracha sobre el capó de un coche que nos deslumbra con sus luces. ¿Hay solución? Pues resulta que sí: colocar un armatoste entre el telescopio y la estrella para bloquear su luz.

Esto es algo que ya hacen los coronógrafos, solo que dentro de los telescopios. Pero aquí hablamos de hacerlo fuera y a lo bestia. Esa estructura podría medir unos 50 metros de diámetro y una de las claves es que tenga forma… de girasol. No es coña.

Y es que eso ayuda a conseguir una sombra más oscura, algo esencial para adquirir imágenes de planetas similares a la Tierra. Estos parasoles estelares se concibieron para lanzarlos junto a los telescopios espaciales. Se situarían a decenas de miles de kilómetros del telescopio, y unos propulsores les permitirían

Moverse para bloquear la luz de distintas estrellas. Pero ahora también se estudia la posibilidad de usarlos con observatorios terrestres. En ese caso, el parasol giraría en torno a la Tierra, en una órbita distinta para cada sistema planetario que queramos estudiar. Pero los telescopios más alucinantes para mí son estos.

La propuesta va en la línea de “si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. Es decir, si lanzar telescopios grandes es la leche de caro, vamos a intentar aprovechar las cosas que ya hay flotando por el espacio. Una de esas cosas es la Tierra. Y otra el Sol.

Y ambos podrían actuar como la lente de un enorme telescopio. En el caso de la Tierra, la idea sería usar la refracción de la atmósfera. Cuando la luz de un objeto distante entra en la atmósfera terrestre se desvía, igual que ocurre siempre que una onda pasa de un medio a otro.

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Un telescopio situado a cierta distancia de nuestro planeta (unas 4 veces más lejos que la Luna) podría detectar esos rayos de luz desviados. La ventaja: según los cálculos, recogería hasta 20.000 veces más luz que un instrumento que apuntase directamente al objeto. ¡Sería como multiplicar por 150 el diámetro de nuestro telescopio!

Este método tiene una limitación importante: solo puedes observar objetos que estén detrás de la Tierra. Pero sería tan barato que se podría desplegar una flota de detectores para estudiar distintas partes del cielo. Aun así, hay otros muchos retos: habría que bloquear de algún modo la luz de nuestro

Planeta, la turbulencia atmosférica podría dar problemas… pero la idea mola, ¿o no? El Sol también podría servir como lente, pero no debido a la refracción, sino a la gravedad. Y es que, según la relatividad general, los objetos masivos curvan el espaciotiempo alrededor

Suyo, y eso hace que cualquier cosa que pase por allí se desvíe. Incluso la luz. Así que el Sol podría actuar como una “lente gravitatoria” y amplificar la luz de un objeto distante. De nuevo, habría que detectar los rayos desviados con un telescopio espacial, solo que esta

Vez habría que enviarlo un poquitín más lejos: a una distancia unas 600 veces mayor que la que hay entre la Tierra y el Sol (20 veces más lejos que Neptuno). Eso es un problema: la sonda seguramente tardaría 20 o 25 años en llegar allí, en el mejor de los casos.

Y además tampoco podría cambiar de objetivo: le llevaría demasiado tiempo recolocarse. Pero quizá merezca la pena intentarlo: la lente gravitatoria solar podría permitirnos ver con bastante detalle la superficie de exoplanetas similares a la Tierra. ¡Podría incluso revelar la presencia de vegetación u otras características que los hagan habitables!

Y esto no es moco de pavo: para tomar una imagen directa de un planeta como el nuestro con un telescopio espacial, este tendría que medir kilómetros o incluso decenas de kilómetros. Aunque estas ideas parezcan muy locas, la NASA ya ha puesto pasta para que sigan desarrollándose. Algunas quizá acaben en un cajón.

Pero casi todas servirán de inspiración para futuros instrumentos. Y puede que de aquí a unos años una de ellas se materialice, la veamos surcando los cielos y nos ayude a continuar desvelando los misterios del universo. Pero ¡antes de que os vayáis! Sabed que si queréis ver un vídeo más, ya lo tenéis hecho.

Hemos subido un nuevo vídeo al canal del Centro Español de Metrología: hoy nos toca ver el Amperio, la unidad de intensidad eléctrica. Veremos su historia y cómo dos fenómenos cuánticos ahora nos ayudan a saber que amperio vale un amperio. Tenéis link en la descripción. Si quieres más ciencia, solo tienes que suscribirte.

Y, como siempre, ¡muchas gracias por vernos!

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